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Diccionario temático | La presencia de chilenos en Quebec, 1973-2017
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Historia de Chile
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Se calcula que el poblamiento de
Chile comenzó hace unos 12,000 años antes de nuestra era.
Esa fecha es la del sitio arqueológico de Monte Verde, ubicado
cerca de Valdivia, que fue descubierto recientemente (1978), y que es
el más antiguo del país. Otros sitios famosos son los de
San Pedro de Atacama, en el norte, y el de Tagua-Tagua, en el centro,
de 10,000 y 9,000 años de antiguedad respectivamente.
Antes de la llegada de los
españoles, se calcula que vivían en Chile alrededor
de un millón de indígenas. Esta población estaba
compuesta por diversas etnias, que no habían alcanzado un gran
desarrollo social. Las del norte, centro y sur se encontraban en el
nivel calificado de tribus por los antropólogos:
vivían en grupos de algunos centenares de personas, practicaban
la agricultura y sabían trabajar la cerámica, pero
carecían de unidad política y no conocieron la vida
urbana ni la escritura. Las del extremo sur se encontraban en un nivel
aún menos evolucionado, el de la banda, vivían en
grupos muy pequeños, de 20 o 30 personas, se alimentaban
exclusivamente de la caza, pesca y recolección, y llevaban una
vida nómade.
La región del norte desértico
En esta región vivieron
primero bandas que vivían de los recursos del mar, pero que se
internaban al interior a cazar llamas en la cordillera. Se ignora el
nombre de las primeras etnias, pero una de ellas, que vivió en
un sector llamado Chinchorro, cerca de la ciudad de Arica actual,
dejó huellas de su paso, con momias que son las más
antiguas del mundo, pues se hicieron antes que las del Egipto de los
faraones, hacia 5,000 AC.
Hacia 500 AC aparecieron las
primeras tribus, que han dejado muestras de una primera vida
sedentaria, con construcciones arquitectónicas llamadas pucaras,
y que trabajaban la cerámica. Cultivaban los porotos, la papa y
el maíz. Algunas de ellas estuvieron influídas por la
cultura de Tiawanako, de Bolivia actual. Poco antes de la llegada de
los españoles, fueron dominados por los incas del Perú.
Los españoles llamaron atacameños a los indios
que conocieron en esa zona, pero se ignora su nombre propio
Los indios del norte semiárido
Aparecieron sociedades sedentarias a
comienzos de nuestra era, en los valles transversales. La etnia que
allí vivía en la época de la conquista europea
eran los diaguitas, que también vivían en la
Argentina de hoy. Sabían trabajar el cobre y el bronce. Las
sepulturas indican un comienzo de diferenciación social y
había un esbozo de pueblos como centros demográficos.
También estuvieron en contacto con los incas.
La región central
Entre Santiago y Concepción
actuales, aparecieron tribus desde el siglo XI DC. En toda esa
área vivieron diversas sociedades que estaban emparentadas
culturalmente, hablando lenguas semejantes: los picunches en el
área de Santiago, los mapuche en la región del
río Bío-Bío, los huilliches un poco
más al sur, donde está Valdivia actual. Todos ellos
practicaban la agricultura (porotos, maíz, papas, ají,
quinoa...) además de la recolección de frutos y la caza
del guanaco en la cordillera. Los picunches sabían construir
canales de regadío, y vivían en caseríos de unas
300 personas, cuyos habitantes cultivaban la tierra en común.
Dominados por los incas, convivieron con indígenas peruanos
desplazados hacia Chile, los mitimaes.
Los mapuche, la etnia
más conocida de todas por las abundantes descripciones dejadas
por los españoles, que los llamaron araucanos,
vivían en una región caracterizada por la abundancia de
agua (por las lluvias, que alcanzaban a los 1,000 mm. anuales), y
bosques. No fueron dominados por los incas. Vivían de la
agricultura, la recolección y la caza; probablemente
aprendieron a cultivar la tierra sólo hacia 1200 DC. Eran una
etnia numeroso, con una población de tal vez 300 000
personas, que vivían en múltiples pequeñas
unidades de 100 a 200 personas, en casas llamadas rucas, donde
habitaban varias familias.El lonko era la autoridad del grupo
familiar y poseía un cierto prestigio, pero no constituía
una clase social superior, pues no había propiedad privada.
Entre sus funciones estaba la de organizar los mingako o
tareas colectivas, y a dirimir conflictos. Había autoridades
transitorias en tiempos de guerra, los toquis, pero
pasado el conflicto perdían su ascendiente. Entre sus
diversiones figurana el juego de la chueca, semejante al hockey
sobre el pasto. Una parte de los mapuche vivía al otro lado de
la cordillera, en Argentina.
La región fría y lluviosa del sur y extremo
sur
Un poco más al sur de la
región mapuche vivían los pehuenche, puelche y
tehuelches, habitantes de la precordillera y de la cordillera, que
vivían en bandas, de la caza del guanaco y de la
recolección. No conocieron ni la cerámica ni la
agricultura, pese a estar cerca de los mapuche.
En el extremo sur, las etnias
principales eran los alacalufes y yaganes, que eran
nómades marítimos, desplazándose entre las
numerosas islas de Aisén y Magallanes de hoy, viviendo sobre
todo de la pesca y la caza de animales marinos. En Tierra del Fuego
vivían los onas o selknam, que cazaban el
guanaco. Hoy en día todas esas etnias están
prácticamente extinguidas, no por obra de los españoles,
sino por los blancos en el siglo XIX y XX.
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La implantación española: la Conquista
Los españoles entraron en
contacto con los indígenas que habitaban lo que se
llamaría Chile en 1536, con la expedición venida desde el
Perú, dirigida por Diego de Almagro, quien había tenido
una participación destacada en la conquista del imperio inca.
Este episodio es conocido como el “Descubrimiento”, aunque algunos
afirman que eso corresponde a Magallanes, el navegante portugués
al servicio de España, quien “descubrió” el extremo sur
de Chile, en 1520, cuando sus naves dieron la vuelta al mundo. Pero el
paso de Almagro por Chile no tuvo mayores consecuencias, ya que los
españoles se limitaron a recorrer el norte y el centro del
país, sin fundar ciudades, y regresaron al Perú,
decepcionados al no encontrar oro, que era el objetivo del viaje.
Pocos años después, en 1541,
vino a Chile una segunda expedición, también desde
Perú, dirigida por Pedro de Valdivia, uno de los capitanes de
Francisco Pizarro, el conquistador de los incas. Esta vez, las cosas
fueron distintas. Valdivia quería asentarse en el
territorio chileno y gobernarlo. Para ello, fundó varias
ciudades: Santiago, que sería la capital, en febrero de 1541,
seguida de La Serena, en 1544, Concepción, en 1550, y Valdivia,
en honor de sí mismo, en 1552, y Osorno en 1553, además
de otras de menor importancia. Valparaíso, el principal puerto
del país, no tiene fecha oficial de fundación, pero
comenzó a existir desde la llegada de Almagro, en 1536.
La expedición de Valdivia
provocó también la primera resistencia indígena.
Aunque los españoles lograron sobrevivir a los ataques de los
nativos en la región de Santiago, no ocurrió lo mismo en
el sur, donde los mapuches presentaron una oposición
mucho mayor. En 1553, los indígenas de esta etnia derrotaron a
los españoles en una batalla, capturaron a Valdivia y lo
ejecutaron. Era la primera vez que un jefe de la conquista
española en América sufría esa suerte. Los mapuches
siguieron resistiendo enérgicamente, y en 1598 vencieron a los
españoles en la batalla de Curalaba, en la cual el gobernador
Martín García Oñez de Loyola, tal como Valdivia,
fue capturado y muerto. Esa victoria (llamada “desastre” por muchos
historiadores chilenos, que conciente o inconscientemente tomaron
así partido en favor de los españoles) llevó
además a la destrucción de las ciudades españolas
del sur, como Valdivia y Osorno.
Desde entonces, Chile quedó
dividido en tres partes: desde el norte hasta el río
Bío-Bío, en el centro-sur, dominaban los
españoles; desde el Bío-Bío hasta lo que es hoy
Puerto Montt, el territorio era controlado por los indígenas;
más al sur, España retomaba el control, en la isla de
Chiloé. Esta situación persistió durante toda la
época colonial, y continuó durante varias décadas
después de la indepedencia.
Gobierno, sociedad y economía colonial
Las instituciones coloniales fueron
definidas desde el comienzo. Valdivia y sus sucesores tenían el
cargo de gobernador, la autoridad suprema en la colonia, aunque no
tenían independencia completa, ya que dependían del
virrey del Perú. Los gobernadores dirigían el país
asesorados por la Real audiencia, tribunal de justicia que podía
además podía dirigir la colonia en ausencia del
gobernador.
Como en el resto de América
española, la Iglesia católica jugó un papel
importante en la dirección de la sociedad, colaborando con el
poder real, al cual estaba sometida por el derecho de patronato
que el Papa había dado al rey de Castilla. Las órdenes
religiosas crearon iglesias y escuelas, y los jesuítas tuvieron
además actividades empresariales, con haciendas administradas en
forma eficiente.
La economía no alcanzó
gran desarrollo, por la escasa población y las trabas impuestas
por el sistema imperial. España no impulsaba la industria
manufacturera en sus colonias, tratando de imponer la venta de los
productos europeos. El comercio exterior debía dirigirse
únicamente hacia España o hacia otras colonias,
aunque había contrabando. Sólo a fines del siglo XVIII
Chile fue autorizado a acuñar su propia moneda, lo que se hizo
en el edificio conocido como Casa de la Moneda, que después de
la independencia fue la sede del gobierno.
Las principales actividades fueron
las relacionadas con la tierra: ganadería y sus derivados, como
la producción de sebo y de cueros, y diversos cultivos como el
trigo, que Chile empezó a exportar al Perú a fines
del siglo XVII. Hubo una producción de oro en el siglo XVI, pero
después decayó.
La sociedad fue estratificada por
criterios étnicos, como en todas las demás colonias:
blancos en el tope, seguidos por los mestizos, los indios (que eran
personas libres, salvo los indios rebeldes, que podían ser
vendidos como esclavos) y finalmente los negros esclavos. Estos
últimos no fueron muy numerosos, por ser una mercadería
cara. A fines del período colonial eran solamente 4,000, lo que
equivalía a menos del 10% del total de la población. Los
indios estuvieron al comienzo obligados a trabajar para los
españoles bajo el sistema de la encomienda (concesión
de un grupo de indios a un español, que los hacía
trabajar en su beneficio), pero eso se suprimió a comienzos del
siglo XVII a causa de la fuerte mortalidad de los indios (causada por
las enfermedades traídas por los españoles) Desde
entonces eso se reemplazó por el pago de un tributo en dinero,
que los indios podían obtener trabajando libremente. Los
mestizos y blancos pobres trabajaban en forma libre, como asalariados,
pero en la agricultura lo hiciero bajo un régimen especial, el
de inquilino, un tipo de trabajador que si bien era libre,
debía entregar un cierto número de jornadas de trabajo al
año al propietario de la tierra, a cambio de poder cultivar una
pequeña superficie. También hubo pequeños
propíetarios agrícolas, pero que no llegaron a
transformare en clase media.
La situación de independencia
de los indios mapuche obligó a los españoles a mantener
un ejército permanente, financiado por el virreinato del
Perú. Como ello no fue suficiente, los gobernadores debieron
firmar tratados de paz con los indios. El primer tratado o parlamento
se realizó en 1641. Aunque no eran muy respetados, implicaban un
reconocimiento de la soberanía indígena y creó las
condiciones para ciertos períodos de paz, lo que permitió
el desarrollo de contactos comerciales entre blancos e
indígenas. En 1683 se prohibió definitivamente la
esclavitud de los indios.
Durante el siglo XVII, Chile fue
asaltado varias veces por los piratas, ingleses y holandeses. Esto
obligó a los españoles a construir fuertes en Valdivia,
por temor a un nuevo ataque en esa región. Durante ese siglo no
hubo fundación de nuevas ciudades; además, Santiago fue
destruído en gran parte por un terremoto en 1647.
En el siglo XVIII la
situación del país mejoró. Los indios comenzaron a
resistir a las enfermedades y esto fue un factor importante en el
aumento demográfico. A comienzos de ese siglo la
población era de unas 100 000 personas, y a fines del siglo se
llegó a quizás 600 000 Por primera vez desde el
siglo XVI se fundaron nuevas ciudades, sobre todo en la región
central: Copiapó, San Felipe, Los Andes, Quillota, Melipilla,
San Fernando, Curicó y Linares, la mayoría de ellas por
el gobernador José Antonio Manso de Velasco. El rey
autorizó por primera vez a catalanes y a vascos a ir a
América; a Chile llegaron varias familias de este último
origen, y algunas de ellas pasaron a ser parte de la elite comercial y
terrateniente.
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Entre 1810 y 1818, la colonia
llamada entonces “Reino de Chile”, se separó de España y
formó un gobierno independiente. Al hacerlo, Chile formó
parte de un proceso que abarcó la casi totalidad de las colonias
españolas en América, ya que sólo Cuba y Puerto
Rico permanecieron dentro del imperio; todas las demás colonias
se separaron también, en la mayor parte de los casos a
través de una lucha armada.
Antecedentes
Contrariamente a países como
Colombia o Venezuela, en Chile no hubo grandes movimientos de protesta
contra el régimen colonial ni tentativas de lucha armada antes
de 1810. El único antecedente en ese sentido, fue la
“Conspiración de los Tres Antonios”, en 1780. Este episodio fue
obra de dos franceses, Antoine Gramusset y Antoine Berney, más
el criollo Antonio Rojas, que concibieron el proyecto de crear una
república, abolir la esclavitud y establecer relaciones con los
demás países. Su iniciativa no fue muy lejos, ya que
fueron denunciados y arrestados. Pero había personas que
pensaban en una independencia, como Bernardo O’Higgins, hijo bastardo
de un ex gobernador chileno, el irlandés Ambrosio O’Higgins,
quien participó en reuniones de latinoamericanos con ideas
favorables a la independencia en Londres, organizadas por el venezolano
Francisco de Miranda. La llegada de varios barcos de Estados Unidos a
comienzos de 1800, que habían sido autorizados a comerciar en
América española, daban a conocer ideas republicanas, lo
que constituyó otro factor.
La “Patria vieja”
Los historiadores han denominado
así el período que va de 1810 a 1814, que fue el inicio
del movimiento de emancipación. El hecho que desencadenó
el proceso fue la invasión de España por Napoleón
y el arresto del rey Fernando VII, lo que creó un vacío
de poder, ya que las autoridades coloniales habían sido
nombradas por el monarca ahora sin trono. En la mayoría de las
colonias se formaron entonces Juntas de gobierno, que debían
gobernar los reinos americanos mientras durase la ausencia del rey.
En Chile, la Junta se formó
el 18 de septiembre de 1810. Su origen fue elitista, ya que sólo
participaron en ella los “vecinos” más destacados del reino, la
mayoría de Santiago. En principio, todos sus miembros,
encabezados por Mateo de Toro y Zambrano, conde de la Conquista,
juraron lealtad al soberano preso; pero varios de sus miembros, sin
declararlo abiertamente, buscaban la independencia y comenzaron a tomar
medidas que significaban cambios importantes, imposibles de realizar
bajo el régimen colonial, como el decreto de libertad de
comercio y la convocatoria a la elección de un primer Congreso
nacional, en abril de 1811. El proceso se radicalizó con el
golpe de estado del 4 de septiembre de ese año, dirigido por
José Miguel Carrera, joven militar, miembro de una conocida
familia de Santiago. Se nombró una segunda junta, dominada por
personas favorables a la independencia, como José
Martínez de Rozas. El 15 de noviembre de 1811 Carrera dio un
segundo golpe, poniéndose a la cabeza del gobierno. Las medidas
revolucionarias continuaron: abolición parcial de la esclavitud,
con la “libertad de vientre” (libertad para los hijos de esclavos),
promulgación de una primera Constitución, en 1812, que
sin declarar la independencia estipulaba que no se respetaría
ninguna ley ni decreto venida del exterior, creación de una
bandera nacional y del primer diario chileno, “La Aurora de Chile”,
dirigida por el cura Camilo Henríquez. Además, se
recibió al cónsul de Estados Unidos, Joel Poinsett,
primer contacto con otro país, aunque esto no implicó un
reconocimiento diplomático.
Desde 1813, los partidarios de
la independencia debieron enfrentar el ataque de los realistas, lanzado
por el virrey del Perú, que mantenía su poder, sin
aceptar la existencia de una Junta. Una expedición
desembarcó en el sur de Chile en 1813, dando comienzo a las
batallas por la independencia. Los patriotas enfrentaron divididos esta
situación, ya que había sectores que no seguían el
liderazgo de Carrera, y preferían la dirección de
Bernardo O’Higgins. Esto llevó incluso a una corta guerra civil
entre ambos jefes, en un combate disputado en agosto de 1814. Aunque
después de este episodio ambos jefes hicieron las paces, el
ejército patriota, dividido, perdió la batalla de
Rancagua, el 1 de octubre de 1814; fue el fin de esta etapa, ya que los
realistas recuperaron el poder, y los patriotas salieron masivamente
fuera de Chile, a Mendoza.
La reconquista española
Esta etapa duró desde octubre
de 1814 a febrero de 1817. Durante ella, los partidarios del rey
volvieron a dominar el país; hubo una fuerte represión
contra los que habían apoyado a los patriotas, con arrestos de
muchas personas, algunas de las cuales fueron desterradas a la isla
Juan Fernández. Se incautaron los bienes de los sospechosos y se
vendieron en remate. Esta etapa coincidió además con el
regreso de Fernando VII al trono, luego de la derrota de los franceses
en Waterloo. Hubo una reconquista semejante en Colombia y Venezuela.
Mientras eso ocurría en
Chile, los exiliados chilenos en Mendoza encontraron apoyo en el
general José de San Martín, gobernador de esa provincia,
quien planeaba organizar un ejército para liberar Chile.
O'Higgins se hizo amigo de él, no así Carrera, quien se
enemistó con San Martín y decidió partir a Estados
Unidos a comprar armas y formar otra expedición.
Durante la preparación del
ejército en Mendoza, Manuel Rodríguez, joven
abogado, entró clandestinamente a Chile y organizó
guerrillas antiespañolas en el campo, logrando el apoyo de
fuerzas campesinas de la región central. Esto significó
un movimiento nuevo e importante, ya que hasta entonces la
independencia había sido un proceso que interesaba
únicamente a la elite del país. La población
había observado sin sentirse involucrada, peleando tanto por uno
como por otro bando; la mayor parte de las fuerzas realistas eran
chilenos del sur, reclutados por los oficiales españoles. Los
indios del sur, los mapuche, tampoco habían apoyado la causa de
la independencia.
La “Patria Nueva”
Esta tercera y última etapa
se dio entre febrero de 1817 y abril de 1818. La primera fecha es la de
la batalla de Chacabuco, a unos 100 kms. al norte de Santiago, ganada
por el ejército organizado por San Martín, que acababa de
atravesar la cordillera para entrar a Chile. Después de esta
batalla, O’Higgins fue nombrado jefe del primer gobierno chileno,. con
el título de Director Supremo, y la independencia fue proclamada
en el aniversario de esa batalla, en febrero de 1818. El 5 de abril de
ese mismo año, los patriotas ganaron la batalla de Maipú,
al sur de Santiago, que constituyó la victoria definitiva contra
los realistas. Pero estos hechos no lograron la unidad de los
patriotas. Manuel Rodríguez fue arrestado y asesinado en mayo de
1818, por orden del gobierno, el cual temió que Rodríguez
se transformara en un conspirador, favorable a la causa de Carrera,
quien seguía en Argentina. Este hecho anunciaba las divisiones
internas y la inestabilidad que caracterizaría los primeros
años de vida independiente.
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4. De 1817 a 1831: intentos de definición
institucional y la victoria de la oligarquía conservadora
En 1817 comenzó el primer
gobierno nacional, dirigido por Bernardo O’Higgins, que se mantuvo en
el poder hasta 1823. Su principal preocupación fue la de
consolidar la independencia, que aún no estaba asegurada. Ello
ocurrió con la victoria en la batalla de Maipú (abril de
1818). Hubo sin embargo núcleos de resistencia española,
en Concepción (con la guerrilla de Benavides) en Valdivia y en
Chiloé, lo que prolongó las campañas militares por
algunos años más. Además, Chile contribuyó
en forma importante a la escuadra que iría en 1820 a liberar el
Perú, último bastión realista en América
del sur.
El gobierno de O’Higgins
intentó reformar la sociedad, aboliendo los títulos de
nobleza (que eran muy escasos), prohibiendo las peleas de gallos y
ordenando la construcción de un cementerio en Santiago para
terminar con la costumbre de enterrar los muertos en las iglesias.
Estas medidas le granjearon la oposición de los grupos
más conservadores. A esto se añadía el descontento
general por las contribuciones forzosas para financiar la guerra, las
críticas de los partidarios de Carrera, que denunciaban el
fusilamiento de dos de los hermanos y el asesinato de Manuel
Rodríguez y las aspiraciones de las provincias a obtener
más poder. Todos estos factores explican la caída de
O’Higgins, que abdicó el poder en 1823 y se fue de Chile al
Perú, de donde no volvería nunca más.
Entre 1823 y 1830 hubo una
sucesión de gobiernos (ocho en total) lo que ha hecho que muchos
historiadores designen este período como el de la
“anarquía”. Esa inestabilidad reflejaba los conflictos por el
poder, entre Santiago y las provincias, entre los partidarios de un
régimen centralizado y los que deseaban un sistema federal. Esta
última opción era defendida por varias ciudades de
provincia, que manifestaban una voluntad democrática de los
"pueblos" contra la elite de Santiago.Cette dernière option
était défendue par plusieurs villes de province,
expression de la volonté démocratique des pueblos contre l'élite de
Santiago. También
influía la mala situación económica, a causa de la
baja de la producción agrícola, y por el endeudamiento
externo del país, que contrató su primer préstamo
en el exterior con Inglaterra, en malas condiciones.Se fueron
definiendo dos bandos, que fueron los futuros partidos conservador y
liberal; el primero defendía el gobierno centralizado y el poder
de la iglesia católica; los segundos, el federalismo y una
disminución de la influencia de la Iglesia.
En medio de esta disputa
política, hubo algunas medidas sociales importantes, como la
abolición definitiva de la esclavitud, en julio de 1823. Los pipiolos,
nombre dado a los liberales de esos años, intentaron, sin
éxito, abolir el mayorazgo e incluso hablaron de hacer
una reforma agraria. Pero los pelucones o conservadores fueron
los vencedores en este conflicto, que culminó con la guerra
civil de 1829 a 1830, que terminó con la batalla de Lircay,
donde el general Prieto venció a las fuerzas dirigidas por
Ramón Freire. Prieto fue elegido presidente; con él
comenzaba la era conservadora y oligárquica.
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5. De 1831 a 1891: una época oligárquica
Durante esta etapa, Chile se
caracterizó por la relativa estabilidad de su vida
política, situación muy distinta a la de la enorme
mayoría de los demás países latinoamericanos. Esto
se debió, en parte, a los éxitos de la
política exterior de este período, en el que Chile
ganó dos guerras. La primera fue la guerra contra la
Confederación perú-boliviana (1837-1839), aunque no
acarreó conquistas territoriales, dio a Chile la ventaja en el
control del comercio del Pacífico sur. La segunda fue la Guerra
del Pacífico (1879-1883), de nuevo contra Perú y Bolivia
(ahora como países separados), dio a Chile la conquista de la
región minera del norte, clave para su desarrollo. Ante eso, la
cesión de la Patagonia a Argentina, por el tratado de 1881,
pareció de poca importancia, ya que se estimaba que ese
territorio carecía de valor. Además, al mismo tiempo, el
gobierno chileno completó la conquista militar de la
región de los indios mapuche, en el sur del país,
cuyas tierras pasaron a las manos de nuevos grupos de latifundistas,
que se dedicaron a la agricultura cerealera.
Otro factor de la estabilidad fue la prosperidad
económica: gracias a las exportaciones de cobre, de plata y de
harina, Chile figuró entre los países latinoamericanos
que lograron mayores éxitos en su comercio
exterior, que era la palanca principal para el desarrollo en
esos años. Desde la victoria militar de 1879, Chile contó
con las exportaciones de salitre, que pasó a ser el
motor de su economía. Todo esto permitió progresos a
nivel local, con la construcción de canales de regadío y
los primeros ferrocarriles, construídos en las décadas de
1850 y 1860. Estas iniciativas fueron la obra de los grandes
propietarios agrícolas de la región del valle central, y
de los empresarios mineros del norte, quienes constituían la
elite social, económica y política del país. Esa
minoría gobernaba sin contrapeso, dominando a la masa compuesta
por inquilinos (trabajadores agrícolas que vivían
al interior de las haciendas), los peones (trabajadores
itinerantes) y los indígenas, que se concentraban en el sur, y
que desde la conquista militar de 1881, vivían en condiciones
precarias.. En estos años, los sectores medios eran apenas
incipientes, y se componían de un cierto número de
artesanos calificados, profesionales y empleados. La
inmigración, aunque comenzó en los años 1850, con
la llegada de varios centenares de alemanes, sobre todo al sur,
fue escasa en el conjunto del período.
En la escena política, el
período fue dominado por las luchas entre conservadores y
liberales. Los primeros controlaron el poder desde 1830, cuando ganaron
el poder tras una guerra civil en la que vencieron a los liberales,
hasta 1871. Ello dio lugar además a la adopción de un
sistema de gobierno muy centralizado, reflejo de la dominación
de la capital sobre el resto del país, en la cual la elite
conservadora del valle central logró imponerse a las provincias
del norte y del sur del país. El poder conservador se
expresó en la Constitución de 1833, inspirada por el
influyente ministro Diego Portales, que mantuvo al catolicismo como
única religión que se podía ejercer abiertamente y
que concentraba el poder en manos del Presidente de la
república, cuyo mandato de 5 años podía
prolongarse gracias a la reelección inmediata; así, los
cuatro presidentes conservadores gobernaron diez años cada uno,
entre 1831 y 1871. Por esta razón, en muchos manuales de
historia se denomina esta etapa “La república de los decenios”.
El rasgo principal, sin embargo, era el control de la vida
política por una muy pequeña minoría, donde muchos
presidentes, ministros y parlamentarios estaban unidos por lazos de
familia, y donde el derecho a voto era bastante restringido, al
exigirse una renta mínima anual para tener ese derecho. Era el
sistema llamado oligárquico, que no varió mucho en el
conjunto del período. Además, si las autoridades eran
elegidas, la intervención electoral del gobierno y el fraude se
hacían en forma abierta.
Durante la dominación
conservadora, los liberales intentaron tomar el poder por las armas, en
dos guerras civiles contra el gobierno del presidente Montt, en 1851 y
1859. En la primera de esas ocasiones contaron con el apoyo de grupos
de artesanos, quienes pedían medidas en favor de la
educación popular y de la democratización de las
elecciones. Algunos de sus miembros combinaban las ideas liberales con
las de un cierto socialismo, que incluía ideas como el reparto
de tierras, como aparece en los escritos de Santiago Arcos. Pese a sus
derrotas, los liberales lograron influir el debate político en
un sentido reformista. En 1871 se prohibió la reelección
inmmediata del Presidente, y ese año los liberales ganaron el
poder, el que mantuvieron por varias décadas. Además, a
mediados de los años 1860 surgió un tercer partido
político destinado a tener una larga historia, el partido
radical, que apoyó también la tendencia renovadora. Otras
reformas fueron la abolición del mayorazgo, la
institución que permitía entregar en herencia a una sola
persona la propiedad agraria, a fin de mantenerla indivisible, en
1852, la libertad de culto en 1865 y el voto universal en 1874
(aunque eto no amplió mucho la participación, ya que se
excluía de este derecho a todos los analfabetos y a las
mujeres), el matrimonio y los cementerio laicos, en 1883. Sin embargo,
la Iglesia católica siguió unida al Estado hasta 1925.
Esta etapa terminó con la
guerra civil de 1891, que no fue una lucha entre liberales y
conservadores, como en el pasado, sino una confrontación entre
el presidente Balmaceda (liberal) y casi todos los partidos
políticos (en especial los conservadores, parte de los liberales
y los radicales), que dominaban el Congreso, y que fueron
apoyados por la Marina de guerra, se declararon en rebelión
contra el presidente, al que acusaban de dictador. Sin embargo, lo que
estaba en juego era la orientación de las políticas
fiscales, en una era en que el gobierno aumentaba mucho su gastos,
gracias a los ingresos derivados de la exportación de salitre.
La guerra, que duró nueve meses y dejó más de
10,000 muertos, fue ganada por las fuerzas del Congreso. Balmaceda se
suicidó tras su derrota.
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6. De 1891 a 1924: salitre y parlamentarismo
Esta etapa podría
denominarse la “era del salitre” a causa de la importancia creciente
que adquirió este mineral en la economía chilena, que
´proporcionaba más del 80% del valor de las exportaciones
chilenas, y cuya producción, aunque con altibajos, creció
constantemente. Las minas (controladas principalmente por empresarios
ingleses, españoles, aunque también había
chilenos) atrajeron a muchos trabajadores del centro y sur del
país, que buscaban empleos mejor pagados. Desde comienzos del
siglo XX se inició la explotación de dos grandes minas de
cobre, que llegarían a ser más tarde claves para la
economía chilena: Chuquicamata en el norte y El Teniente, al sur
de Santiago, ambas explotadas por capitales de Estados Unidos.
Además de las minas, hubo en
Chile un cierto desarrollo industrial (textil, cervecerías,
cemento, maestranzas...), todo lo cual dio nacimiento al proletariado
moderno. El desarrollo urbano y de los servicios dio lugar a un
reforzamiento de la clase media. La sociedad se hizo más
diversificada, pero los confictos sociales fueron también
más agudos: hubo frecuentes protestas por la carestía de
los precios, huelgas por alzas salariales, algunas de las cuales fueron
reprimidas violentamente. La huelga de los obreros del salitre, en
diciembre de 1907, fue aplastada por el ejército, en Iquique, en
una matanza donde tal vez dos mil personas perdieron la vida.
En lo político,
esta época es conocida habitualmente como la “República
parlamentaria”. Este nombre se debe al hecho que tras la guerra civil,
se reformó la Constitución para permitir que los
ministros fuesen censurados con mayor facilidad por los parlamentarios,
lo que dio a éstos mayor influencia sobre el Poder ejecutivo.
Hubo mayor número de partidos: a los liberales, divididos en
varios grupos, los conservadores, los radicales (que aumentaban su
votación), se sumaron nuevas formaciones, creados por dirigentes
obreros: el partido demócrata (fundado en 1887) y el partido
obrero socialista (1912), que en 1922 pasó a ser partido
comunista. Hubo también importantes grupos anarquistas. Aunque
estos dos nuevos partidos no lograron un gran porcentaje de la
votación, su presencia llevó a plantear nuevos temas en
las campañas electorales, que adquirieron más y
más un carácter masivo, y dio lugar a nuevas alianzas.
Esto se expresó sobre todo en la elección presidencial de
1920, ganada por el liberal Arturo Alessandri, apoyado por radicales y
demócratas. Por primera vez en la historia del país, en
el gobierno había ministros de esos dos últimos partidos,
y se esperaba que Alessandri procediera a implementar proyectos de
leyes sociales (Código del trabajo, etc.), que harían
avanzar el proceso de democratización. Muchos parlamentarios,
además, eran originarios de la clase media. Pero las reformas
prometidas por Alessandri no se concretaron, por la oposición
conservadora y la indisciplina de sus propios parlamentarios. Esto,
sumado a una crisis del salitre (motivada por la competencia del
salitre sintético en el mercado mundial) provocó una
fuerte cesantía y llevó a una crisis política en
1924, cuando una intervención militar puso término a esta
etapa.
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7. De 1924 a 1938: una era de crisis
Entre estas dos fechas, hubo en
Chile diversas experiencias políticas, varias de las cuales
implicaron el uso de la fuerza. Esto fue motivado por el impacto de la
crisis del salitre, luego de la crisis mundial de la economía y
por la influencia de los movimientos autoritarios en Europa (fascismo y
nazismo).
La primera experiencia fue la
intervención militar iniciada en 1924, que se prolongó
hasta 1931. Esta acción tuvo orígenes complejos: al
comienzo pareció tener un significado social positivo, ya que
los militares, encabezados por el coronel Carlos Ibáñez,
forzaron la aprobación de algunas leyes sociales, como aquellas
que creaban un sistema de pensiones y el Código del trabajo, que
permitían organizar los sindicatos y reglamentar las huelgas.
Pero por otro lado, esa intervención acarreó la renuncia
de dos presidentes elegidos (ArturoAlessandri y Emiliano Figueroa), la
elección de un militar (Carlos Ibáñez) a la
presidencia, que ejerció el poder en forma dictatorial, con un
Parlamento compuesto por miembros no elegidos (con el acuerdo de los
principales partidos), que intentó manipular a los sindicatos,
declaró ilegal al partido comunista y limitó seriamente
la libertad de expresión. Todo esto llevó al exilio a
varios opositores; hubo también algunos que fueron
asesinados. Por otro lado, aprovechando una coyuntura
económica favorable entre 1927 y 1929, Ibáñez
multiplicó las obras públicas y creó organismos de
crédito industrial y agrario. En el plano administrativo,
fusionó los diversos cuerpos de policía uniformada que
había en el país, creando el cuerto de Carabineros,
a quienes se confió la guardia presidencial.
En julio de 1931,
Ibáñez renunció al poder, luego de las protestas
causadas por la crisis mundial. Pero la situación
política siguió muy inestable durante la mayor parte de
la década de 1930. En septiembre de 1931 se produjo una
rebelión de la marinería de guerra, y en junio de 1932
tuvo lugar un golpe de estado, por obra de un grupo de civiles y
de militares con ideas de izquierda, que tomaron el poder y proclamaron
una efímera “República socialista”. En 1933,
surgió un movimiento de inspiración nacional socialista
que tuvo cierto auge. Ese mismo año, desconfiando de la lealtad
de los militares, el gobierno del liberal Arturo Alessandri (elegido
por segunda vez a la presidencia, en 1932) propició la
formación de una importante organización armada de
civiles de derecha, la “Milicia republicana”, que aspiraba a defender
un orden que parecía amenazado. Sólo en 1938, tras una
tentativa de golpe de parte de los nacis, se volvió a
una vida política más estable. Un hecho clave en ese
sentido fue la elección, en ese mismo año del gobierno
del Frente popular, alianza de centro-izquierda que reunía al
partido radical, a socialistas y comunistas, en una alianza
multiclasista de algunos sectores de propietarios, clases medias y
obrera.
La economía, aunque siempre
basada en la exportación de minerales, como el cobre y el
salitre, se recuperó gradualmente de la crisis de 1929. La
presencia de capitales norteamericanos fue cada vez más grande,
tanto en las minas como en nuevos servicios, como el de los
teléfonos, que fue controlado en forma monopolística por
la ITT desde 1929. Hubo algunas industrias que adquirieron gran
importancia, como la textil Yarur, fundada en 1935.
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8. De 1938 a 1970: el Estado como agente económico
y la política de los “compromisos”
La elección del radical Pedro
Aguirre Cerda como presidente, en 1938, fue un hecho crucial: por
primera vez, los partidos oligárquicos perdían una
elección presidencial, y comenzaba una época de gobiernos
basados en las alianzas de partidos de distintas tendencias, hecho poco
común en Latinoamérica. Este último rasgo se
reforzó en 1935, cuando comenzó a formarse el futuro
partido demócrata cristiano, que tomó su nombre
definitivo en 1956. Con ello, se diseñó un nuevo estilo,
el de la
vida política basada en el “compromiso”, ya que
ningún partido tenía fuerza suficiente para gobernar
solo. El sucesor de Aguirre (que murió en 1941, sin poder
completar su mandato), el radical Juan Antonio Ríos (que
también falleció durante su mandato), recibió
apoyo del PS y de algunos liberales; Gabriel González Videla,
otro radical, elegido en 1946, fue apoyado por comunistas y liberales;
Carlos Ibáñez, el ex dictador, elegido en 1952, se
basó en la alianza entre una fracción socialista y de un
partido que tuvo corta vida, el agrario-laborista; en 1958, Jorge
Alessandri (independiente de derecha) gobernó con liberales,
conservadores y radicales. El único presidente qu gobernó
sólo con el apoyo de su propio partido fue el demócrata
cristiano Eduardo Frei Montalva (1964 a 1970).
En esta etapa se puede estimar que
la democracia tuvo progresos importantes, ya que no hubo nuevos golpes
de estado, el cuerpo electoral se amplió considerablemente,
gracias al derecho de voto para la mujer (en 1947), a una
disminución del fraude electoral y a la diversidad de partidos,
lo que indicaba una gran tolerancia ideológica. Sin embargo, esa
situación sufrió una limitación importante entre
1948 y 1958, años en que se aplicó la ley llamada de
“Defensa de la democracia” que declaraba ilegal al partido comunista y
además limitaba el funcionamiento de los sindicatos. Miles de
personas perdieron sus derechos cívicos y muchos fueron
internados en campos de detención. El poeta Pablo Neruda,
militante comunista, debió salir clandestinamente del
país para evitar la cárcel. Sólo a fines de los
años 1950 se volvió respetar plenamente la democracia
política, cuando esa ley fue abolida. Además, en 1953 se
formó la Central Única de Trabajadores (CUT) que dio
mayor presencia a los sindicatos en la vida nacional. Sin embargo,
durante largo tiempo la vida sindical estuvo limitada a los
trabajadores urbanos; a través de diversas tácticas, los
propietarios de tierras impidieron la formación de
sindicatos en el campo.
En política internacional,
Chile se mantuvo como país neutral durante una buena parte de la
segunda guerra mundial; sólo en enero de 1943 rompió sus
relaciones con Alemania y sólo en 1945 le declaró la
guerra. Posteriormente, Chile fue país fundador de la ONU y de
la OEA. Como resultado de su adhesión a este útimo
organismo, Chile rompió relaciones con Cuba en 1962. Aunque en
la votación sobre esta materia la delegación chilena se
había abstenido, se acató la mayoría.
La economía
experimentó algunos cambios importantes. Aunque la
exportación de cobre siguió siendo una actividad clave
(el salitre , en cambio, perdió considerablemente su
importancia), la industria cobró mayor relevancia, gracias, en
parte, al apoyo que recibió del Estado desde 1939. Ese
año se creó Corfo (Corporación de fomento de la
producción), una institución creada por el gobierno, que
daba créditos a las distintas actividades de la economía
y que a veces compraba empresas. Además, se reforzó la
electrificación del país, con varias centrales
hidroeléctricas, y se comenzó la explotación de
petróleo en Magallanes, en el extremo sur, todo ello por
iniciativas estatales. En los años 1960, del Estado
dependía más del 40% de las inversiones. Pero aunque esas
medidas trajeron cierto progreso, hubo también problemas serios,
como la fuerte inflación de los años 1940 y sobre todo de
los años 1950, problema que no pudo ser resuelto posteriormente.
Aunque la cesantía era baja (inferior al 10%) había
muchosubempleo, y la agricultura no progresaba: al contrario, desde los
años 1950, Chile debió importar una parte de sus
alimentos..
Desde comienzos de la década
de 1960, el país estaba en una fase progresiva de
radicalización de las opciones políticas. Tanto la
Democracia cristiana como la alianza de la izquierda (socialistas y
comunistas), postulaban (en distinto grado) a cambiar la sociedad. En
1964 triunfó el candidato de la DC, Eduardo Frei, recibiendo los
votos de la derecha, que preferían su victoria como mal menor,
ante la posibilidad de un triunfo de la izquierda. Durante su gobierno,
que había prometido una “Revolución en libertad”, se
realizó la reforma agraria y el cobre fue parcialmente
nacionalizado, al comprar el estado chileno el 51% de las acciones de
las compañías estadounidenses. Al mismo tiempo, Frei
trató de atraer a inversionistas extranjeros, y
recibió el apoyo de la Alianza para el progreso, el programa de
ayuda económica ofrecido por Estados Unidos a
Latinoamérica. En el plano social, su gobierno estimuló
la formación de sindicatos, especialmente en el sector agrario,
y dio lugar a un importante red de organismos para las mujeres, los
Centros de madres. Todo esto no bastó para congraciarlo con los
que, a la derecha, no le perdonaban haber atentado contra el derecho de
propiedad, al hacer la reforma agraria, y pareció poco a
aquellos que, en la izquierda, deseaban ir más lejos. Bajo su
gobierno hubo además varias acciones represivas del
ejército y de los carabineros, lo que tuvo como
resultados la muerte de cerca de cuarenta personas muertas en diversas
acciones. La efervescencia política se hizo sentir
también en las aulas universitarias, donde en 1967 se impuso un
movimiento reformista, que dio a los estudiantes el derecho a votar
para la elección de rector. Inspirado por la
revolución cubana, nació en 1965 el MIR (Movimiento de la
izquierda revolucionaria), que llevó a cabo algunas acciones
armadas, aunque no llegó a transformarse en guerrilla. El
resultado de todo este proceso fue la victoria de Salvador
Allende, el cual, a la cabeza de una alianza de diversos partidos de
izquierda (socialista, comunista, radical, disidentes de la DC)
ganó la elección presidencial de 1970.
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9. Los años de la Unidad Popular
Los tres años de la Unidad Popular
(1970-1973) constituyeron tal vez la experiencia política
más compleja de la historia latinoamericana. Sus comienzos
fueron difíciles, ya que antes de que Frei transmitiera el poder
a Allende, un grupo paramilitar de derecha, con el apoyo de algunos
militares, como el general Roberto Viaux, intentó impedir ese
proceso, raptando al general en jefe del ejército, René
Schneider, con el fin de provocar una crisis política. El plan,
pese a contar con el apoyo de la CIA, que proporcionó armas y
dinero a los conspiradores, fracasó, ya que Schneider
murió cuando intentaban raptarlo. El 4 de noviembre de 1970,
fecha prevista por la Constitución, Allende inició su
gobierno, pero la conspiración para derrocarlo continuó.
Sin disponer de mayoría en el
congreso y habiendo ganado por mayoría relativa, de sólo
36,5% de los votos, Allende se lanzó a un ambicioso plan de
transformaciones económicas que buscaban iniciar el “camino
hacia el socialismo”. El plan incluía, además de acelerar
la reforma agraria ya iniciada anteriormente, la nacionalización
de las industrias estimadas estratégicas, del cobre y de los
bancos. Este proceso se hizo, salvo en el caso del cobre, sin la
aprobación del poder legislativo, sino a través de los
llamados “resquicios legales” que la Constitución
permitía. La empresa privada seguiría existiendo, sobre
todo en el campo de las medianas y pequeñas entidades y en
general todas aquellas empresas estimadas no monopólicas
serían respetadas.
Pese a la furiosa crítica de
que fue objeto por parte de la oposición, la libertad de
prensa, de expresión y la existencia de todos los diarios y
radios adversos al gobierno fueron rigurosamente respetadas. De este
modo, Allende cumplía su promesa de mantener las instituciones
chilenas y de abrir el camino a la nueva sociedad, no a
través del modelo cubano o soviético, sino siguiendo un
camino propio “con empanadas y vino tinto”, como le gustaba decir. Pero
conciliar la amplitud de esas medidas, que atentaban contra gran parte
del poder de la clase empresarial y del capital extranjero, con un
ambiente pacífico y apegado a las normas institucionales, era
buscar la cuadratura del círculo. La oposición, que
reunía a los partidos políticos de la derecha,
reagrupados en el Partido nacional (PN) y a la DC, a la que se sumaban
dirigentes sociales, como los comerciantes y algunos colegios
profesionales, organizó una campaña de
destabilización, que incluía huelgas (la de los
camioneros, en octubre de 1972, fue muy importante) y acciones
económicas, como la del mercado negro, que provocó
escasez de bienes esenciales y atizó el descontento de gran
parte de la población. A todo ello se sumaba el bloqueo
financiero de Estados Unidos, que negaba los préstamos que
habitualmente se concedían a Chile. Además, algunas
medidas económicas del gobierno agravaron la
situación. Empeñado en hacer justicia social y en
estimular el consumo, Allende concedió alzas salariales
importantes, que si bien generaron euforia en muchos sectores,
también desataron una espiral inflacionaria desde 1972, que
llegó a 300% en 1973.
Todo ello preparó el camino
al golpe militar, estimulado por el PN y por gran parte de la DC. Entre
julio y agosto de 1973 hubo un intento de diálogo entre el
gobierno y la DC, bajo los auspicios del cardenal Silva
Henríquez, que no fructificó. El golpe del 11 de
septiembre de 1973, que había empezado a ser preparado casi
desde el inicio mismo del gobierno de Allende, puso un término a
la experiencia socialista chilena. El presidente Allende se
suicidó el mismo día del golpe, antes de que los
militares se apoderaran del palacio de la Moneda, donde el presidente
se había reunido para intentar resistir, junto a un grupo de sus
seguidores. Fuera de la Moneda o en provincias, la resistencia al golpe
fue escasa y mal organizada. Así, dejaba de existir una
institucionalidad que, con algunos altibajos, había funcionado
durante más de un siglo.
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10. La dictadura, 1973-1990
El poder se centró
desde temprano en la persona del general Augusto Pinochet, quien se
hizo nombrar presidente de la República por las fuerzas
armadas. Hasta 1980, Pinochet gobernó sin especificar por
cuánto tiempo estaría en el poder. Ese año hizo
aprobar una nueva Constitución, en un plebiscito que se
realizó sin posibilidades de que la oposición pudiera
manifestarse abiertamente. Según esa carta, Pinochet
podría gobernar ocho años más, hasta 1988; ese
año se haría un nuevo plebiscito, en el que se
decidiría si el dictador seguía en el poder o si
debían celebrarse eleccione libres.
La esencia de la dictadura fue la
represión: más de 3 000 personas murieron o
desaparecieron, la mayoría durante los dos primeros años
del régimen, y cientos de miles partieron al exilio. En Santiago
y en provincias hubo diversos centros de detención y de tortura.
Inmediatamente después del golpe, una treintena de ministros y
otros funcionarios importantes de la UP fueron llevados a la isla
Dawson, en el extremo sur del país, donde vivieron varios meses,
sometidos a maltratos, sin que se especificaran cargos en su contra.
Después, varios fueron enviados al exilio. Sin embargo,
allí tampoco estuvieron a salvo, ya que algunos de ellos fueron
asesinados, como Orlando Letelier, ex ministro de la UP (muerto
en Washington en 1976) y el general Carlos Prats, uno de los pocos
militares que había colaborado con Allende (en Buenos
Aires, en 1974). Varios de los dirigentes de la izquierda que
decidieron quedarse en Chile perdieron la vida combatiendo, como Miguel
Enríquez, líder del MIR, y varios otros fueron asesinados
o murieron en la tortura.
Los partidos políticos
fueron prohibidos (los de la izquierda) o declarados en receso (los de
la derecha y la DC); el parlamento se cerró. Los jueces, en
teoría, seguían constituyendo un poder autónomo,
pero en la práctica, se limitaban a corroborar lo que el
gobierno decidía, sin cuestionar los abusos contra los derechos
humanos. Los sindicatos no fueron prohibidos, pero llevaron una
existencia muy limitada.
Aunque la mayoría de los
cargos principales en el gobierno stuveron en manos de los militares
(incluso hubo rectores de universidad que eran almirantes o generales),
el poder se ejerció con la colaboración de muchos
políticos de la derecha, que sirvieron como ministros o
embajadores. Pero hubo también muchos elementos civiles nuevos,
sin partido, que ocuparon cargos de importancia, en la economía
o en otros cargos ministeriales. Los empresarios no disimularon su
apoyo a la dictadura. Por ello, el gobierno de Pinochet nofue
únicamente un poder militar, sino apoyado por un sector
importante de la sociedad civil, especialmente el de los propietarios.
Por ello, en política
económica, la dictadura tendió a privatizar las empresas
que habían pertenecido al Estado, y abrió también
muchos servicios a la empresa privada, como la salud, los seguros y la
educación; en este último campo surgieron muchas
universidades privadas. Se terminó con la política de
fijación de precios de los artículos de comsumo
básico, dejándolos fluctuar libremente. Las tierras que
habían sido expropiadas durante la reforma agraria no siempre
fueron devueltos a sus antiguos propietarios, sino que fueron en parte
rematadas, creándose un núcleo de nuevos empresarios
agrícolas.Además, buscó el equilibrio fiscal,
disminuyendo el gasto público. Se abrió la puerta a la
inversión extranjera, aunque ella no llegó en grandes
proporciones. Chile se retiró del Pacto andino, para tener mayor
libertad de acción, y rebajó las tarifas aduaneras para
practicar una política más liberal en su comercio
exterior. Todas estas medidas eran un cambio importante en
relación a los últimos 40 años, durante los cuales
el Estado había jugado un papel tan importante como la empresa
privada.
Hasta 1981, la dictadura casi no
tuvo opositores, y pareció tener éxito con su
política económica. Pero en 1982 estalló una
severa crisis, que persistió hasta 1985, y que llevó la
tasa de cesantía a más del 20%. Esa situación dio
ánimo a los opositores, que organizaron manifestaciones masivas
contra la dictadura, que se hacían todos los meses, de marzo a
noviembre. Pinochet hizo algunas concesiones, permitiendo el regreso de
varios exiliados y la aparición de algunas revistas de
oposición. Comenzó el largo y difícil camino hacia
la “transición hacia la democracia”. Este proceso fue apoyado
por la mayor parte de la iglesia católica, cuyo principal
dirigente, el cardenal Raúl Silva Henríquez,
criticó abiertamente los excesos del régimen. Desde los
años 1980, hubo también presiones de Estados Unidos en
favor de un cambio de gobierno, ya que Washington cambió su
política hacia las dictaduras.
La transición chilena fue
compleja y costosa en vidas humanas. Durante los cinco
años de protestas (de 1982 a 1986) los opositores debieron
enfrentar una represión que provocó un centenar de
muertos y muchos heridos. Un caso célebre fue el de la joven
Carmen Quintana, quemada viva por los militares tras participar en una
manifestación en julio de 1986, que logró salvar su vida
y recibió tratamientos médicos en Montreal. Entre 1985 y
1986 se pensó que la dictadura podía caer, y uno de los
partidos opositores, el PC, organizó un grupo armado que
intentó matar a Pinochet. Tras el fracaso del atentado, el
grueso de la oposición, dirigida por demócrata
cristianos, socialistas y radicales, se concentró en una salida
a través de medios institucionales, lo que se obtuvo a
través del plebiscito de octubre de 1988. Esta consulta fue una
derrota para Pinochet, quien perdió el derecho de continuar en
el poder y abrió el camino a las elecciones de diciembre de
1989, donde el demócrata cristiano Patricio Aylwin fue elegido
presidente. Pero los militares se retiraron habiendo impuesto una serie
de leyes que jugarían en su favor e impedirían un cabal
regreso a la democracia.
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11. De 1990 hasta hoy
En marzo de 1990 el general
Pinochet, de acuerdo a los resultados de la elección realizada
tres meses antes, entregó el mando supremo del país a
Patricio Aylwin, el candidato vencedor, que representaba a la
Concertación, la coalición de partidos que se
había opuesto a la dictadura militar en sus últimos
años. Esa alianza estaba compuesta por el PS y la DC, los
antiguos rivales durante la UP, y también por un nuevo partido,
el PPD (Partido por la democracia), los radicales y los
socialdemócratas, que últimamente se han fusionado. El
PC, el antiguo aliado de los socialistas, quedó aislado y
obtiene bajos porcentajes en las elecciones, sin lograr elegir
parlamentarios, en parte a causa del sistema binominal.
Pinochet
perdió su fuero o inmunidad parlamentaria, debiendo
enfrentar un juicio por su responsabilidad en varias de las matanzas
cometidas bajo su gobierno, pero el juicio quedó detenido por
razones
de salud. Esta alianza ha tenido éxito, al ganar todas las elecciones, tanto presidenciales como parlamentarias, desde 1989 hasta hoy. Después del gobierno de Aylwin (de 1990 a 1994), el poder pasó a manos del
demócratacristiano Eduardo Frei (hijo del anterior), quien
gobernó desde 1994 a 2000, al socialista Ricardo Lagos,
quien gobernó entre 2000 y 2006, y últimamente, a la
socialista Michelle Bachelet, primera mujer en ejercer ese cargo en
Chile. Tal como Lagos, su triunfo se logró tras pasar a la
segunda ronda, en enero de 2006, derrotando a Sebastián
Piñera, el candidato de la derecha, ya que en la primera no
había alcanzado la mayoría absoluta. Su mandato fue
más corto que el de sus antecesores, ya que una reforma
constitucional fijó en cuatro años la duración del
gobierno. Durante los primeros dos gobiernos de la Concertación, las relaciones entre civiles y militares fueron tensas. Pinochet, que seguía como comandante en jefe del ejército, ordenó en dos ocasiones maniobras militares en pleno centro de Santiago, en 1990 y 1992, para protestar contra ciertas medidas del gobierno, una de las cuales implicaba investigar a su hijo mayor, acusado de prevaricación. Esas amenazas surtieron éxito, ya que la investigación fue abandonada. Los militares criticaron al presidente Aylwin por haber ordenado el Informa Rettig sobre la violencia durante la dictadura. Otros sucesos que tensionaron esos años fueron el asesinato del ex consejero de Pinochet, Jaime Guzmán, por obra de un comando de izquierda, en 1991, y el atentado contra el ex general Gustavo Leigh (que quedó herido de consideración). Y desde entonces, cada conmemoración del día 11 de septiembre ha dado lugar a sucesos violentos, en Santiago y otras ciudades, a veces con víctimas fatales. A partir de 2000, Pinochet perdió considerablemente su influencia en la vida política, tras su arresto en Londres en 1998, gracias al juez español Baltazar Garzón, y su posterior enjuiciamiento en Chile. Aunque el dictador murió en diciembre de 2006 sin haber sido enjuiciado, su imagen resultó muy deteriorada, sobre todo después que se dio a conocer la existencia de una cuantiosa fortuna personal fuera de Chile, en 2004. Aunque no toda la herencia de la dictadura ha sido cambiada, hubo otros progresos. En 2004 se reformó la Constitución de 1980, aboliéndose varias de las disposiciones impuestas por Pinochet antes de entregar el mando a los civiles: la existencia de senadores designados (cuatro de ellos eran militares) y los vitalicios (Pinochet era uno de ellos). El presidente recuperó la capacidad de destituir a los jefes de las fuerzas armadas. En cambio, no se ha modificado el sistema electoral binominal, que sigue siendo muy poco representativo. Ha habido ciertos avances en materia de derechos humanos. En 1991 se dio a conocer el informe Rettig, que identificaba a las víctimas de la dictadura, pero no a los responsables de los crímenes. En 2001 los militares se vieron obligados a reconocer que muchas personas habían sido muertas y desaparecidas, a veces lanzadas al mar, aunque sin identificar a los responsables de esos crímenes. En 2004 se dio a conocer el Informe nacional sobre la tortura, que estableció claramente que esa práctica no había sido obra de algunos individuos aislados, sino que había sido hecha en forma sistemática por los militares, lo que tuvo un fuerte impacto en la opinión pública. Se dio además una compensación material a las víctimas de la tortura. Al mismo tiempo, gracias a ese nuevo contexto, se enjuiciaron y condenaron a algunos oficiales culpables de diversos crímenes. Entre los condenados más conocidos figura el general Manuel Contreras, ex jefe de la DINA (Dirección nacional de inteligencia), que sigue en prisión desde 1995. Sin embargo, a menudo la Corte suprema rebaja las penas pronunciadas contra otros militares declarados culpables de crímenes, y hoy en día aún hay causas pendientes y casos sin resolver. Si estos progresos fueron lentos,
esto se debe en parte a que los antiguos partidarios de la dictadura
mantienen un peso político importante, ya que los partidos de la
derecha, que han adoptado nuevos nombres (Renovación nacional y
Unión Democrática independiente) mantienen una
votación elevada y constituyen una oposición numerosa en
el congreso, impidiendo la aprobación de leyes que
reformarían la Constitución, que requieren más que
una mayoría simple. Sin embargo, la Concertación
insistió poco en esas reformas, prefiriendo dedicarse a
estimular el crecimiento económico y destacando la necesidad de
alcanzar la reconciliación nacional, para borrar la herencia de
la dictadura.
La “Concertación” tuvo éxitos en el plano económico, ya que durante la década de 1990 el PNB del país creció a un promedio de 6% anual, el mejor resultado de un país latinoamericano, y uno de los más sobresalientes del mundo. La estrategia seguida era muy semejante a la heredada de la dictadura, ya que las exportaciones han seguido siendo el motor de la economía. Chile ha pasado a participar en varios mercados regionales: es miembro asociado del Mercosur, participa en las reuniones de la APEC (Asociación de Asia-Pacífico), apoyó con entusiasmo el proyecto de ALCA (integración de las Américas) y ha firmado tratados de libre cambio con Canadá, con la Unión europea, con Estados Unidos y con China. La empresa privada, tanto nacional como extranjera, continúan dirigiendo las principales actividades. Su esfera se ha ampliado, ya que la Concertación ha seguido privatizando servicios, como el agua potable y la construcción de carreteras. Han llegado muchos capitales extranjeros, de EE.UU., Canadá y España, sobre todo a las minas y a los servicios. La cesantía alcanzó un nadir de 5,5%, en 1997. Esta prosperidad ha hecho aumentar el ingreso anual de los chilenos, que pasó de 2,000 dólares p.c. a 5,000 ( o a más de 9,000 si se calcula en términos de poder de compra). Entre2001 y 2003 el crecimiento disminuyó un tanto, bajando a 3,5 y 4%, para repuntar ligeramente en 2005 y 2006. La cesantía llegó a alcanzar cerca del 10% entre 2001-2003 pero en 2006 ha bajado al 7,5%. Pese a los progresos de la economía, se mantienen grandes desigualdades en la distribución del ingreso y hay unanimidad en todos los partidos para criticar el bajo nivel de la educación pública, una de las principales causas del mantenimiento de las desigualdades. Durante abril y mayo de 2006 hubo grandes manifestaciones de escolares exigiendo una reforma de la educación, lo que está actualmente en estudio. Los gobiernos concertacionistas tuvieron además que enfrentar las protestas de los indios mapuche, que reivindican desde hace años el reconocimiento constitucional y piden la recuperación de tierras actualmente ocupadas por empresas forestales. Desde los años 2000, los presidentes Lagos y Bachelet decidieron emplear la ley antiterrorista contra los activistas mapuche, decisión que ha sido muy criticada dentro y fuera de Chile. En el plano social, el país ha cambiado. Los resultados del censo de población de 2002 indican que el crecimiento demográfico se ha frenado considerablemente, y que Chile está hoy entre los países de más baja natalidad de América latina, junto a Cuba y Uruguay. La población supera ligeramente los 15 millones de habitantes, y es urbana en casi 90%. Se calcula que cerca de un millón de chilenos viven fuera del país (de ellos, 30 000 residen en Canadá); a aquellos que salieron bajo la dictadura, y que han regresado sólo en parte, se han añadido otros, que siguen saliendo por razones de trabajo. Los católicos siguen siendo mayoría entre los creyentes, pero en menor porcentaje, ya que el número de adherentes a las iglesias evangélicas ha aumentado bastante. La relativa prosperidad chilena atrae a gente de países vecinos: hay alrededor de 50 000 peruanos viviendo en Chile, muchos de ellos ilegalmente, y también varios miles de profesionales ecuatorianos, argentinos y cubanos. Pese a la gran apertura internacional que el país ha vivido, las mentalidades siguen siendo más bien conservadoras: Chile fue el último país occidental en aprobar una ley de divorcio, en el año 2005, y los planes del gobierno de distribuir gratuitamente medicamentos que impiden el embarazo ("píldora del día después") ha encontrado fuerte resistencia de parte de grupos de católicos, aunque la mayoría de la opinión pública está de acuerdo con el programa. Pese a la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet (los sondajes durante su último año en el poder indicaron que tenía más de 80% de aprobación) la Concertación perdió la elección presidencial de diciembre 2009, que fue ganada por Sebastián Piñera, hombre de negocios multimillonario, candidato de la "Alianza por Chile" (formada por los dos partidos de la derecha, RD y UDI). La coalición de gobierno presentó como candidato al ex presidente Eduardo Frei. Así, la derecha volvió al poder por primera vez desde el final de la dictadura. Su victoria (que fue estrecha: 51% contra 48% en la segunda vuelta) se explica por diversos factores: divisiones internas dentro de los partidos de la Concertación, acusaciones de corrupción contra diversos funcionarios de gobierno (algunas comprobadas), descontento de la población de Santiago con la implantación del nuevo sistema de transporte en la capital, que ha tenido muchas dificultades de funcionamiento, y la negativa de los partidos de la Concertación de organizar un sistema más democrático para elegir al candidato presidencial. A nivel de los programas, no había grandes diferencias entre los dos principales candidatos. Esto provocó la dispersión del voto favorable al gobierno, ya que surgió un tercer candidato, un diputado que abandonó el partido socialista, Marco Enríquez-Ominami (hijo el antiguo líder del MIR, Miguel Enríquez), que obtuvo el 19% de la votación. Otro ex socialista, Jorge Arrate, se presentó como candidato apoyado por el partido comunista,obteniendo un poco más del 7% de la votación. En la elección parlamentaria, los partidos de la Concertación lograron sin embargo un resultado más favorable, de modo que las fuerzas del gobierno y de oposición se encuentran prácticamente igualadas. Al llegar el Bicentenario, Chile se enfrenta a un panorama político mucho más tranquilo que en 1990, pero incierto en cuanto a sus proyecciones futuras. |
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